Desde que tenemos conocimiento de que en esta molécula se almacena nuestra información genética, se ha hablado del uso del ADN (DNA en inglés) para multitud de cosas: desde los cultivos transgénicos hasta conseguir la inmortalidad. Una de las posibilidades que se han abierto en los últimos años es el uso del ADN para crear vacunas. ¿Cómo es esto posible? ¿Funcionan?
El nacimiento de las vacunas
Aunque una dama inglesa, Lady Mary Wortley Montague, ya había hecho algunas observaciones al respecto durante su vida en Turquía, la creación de la primera vacuna se atribuye a Edward Jenner, médico rural inglés.

Edward Jenner
El origen de las vacunas explica también, por cierto, el origen de su nombre, y es que se llaman así porque la primera vacuna se obtuvo de la viruela vacuna, como se explicará ahora.
Jenner observó que las mujeres que se encargaban de ordeñar vacas no contraían la viruela cuando había epidemias. En cambio, sí que tenían, en ocasiones, pústulas del mismo tipo que las de la viruela en las manos, lo que se conocía como viruela vacuna. Al ver esto, Jenner dedujo que la forma vacuna de la viruela inmunizaba contra la forma humana, y se decidió a probarlo. Inyectó a un niño de ocho años con viruela vacuna y, una vez que se hubo recuperado de la infección, lo inyectó con la viruela humana. Por suerte, Jenner estaba en lo correcto y el niño no contrajo la viruela humana, pero queda claro por qué son necesarios los comités éticos en la investigación médica.
Desde este primer triunfo, se han ido sucediendo muchas vacunas para diferentes enfermedades infecciosas. Sin embargo, muchas de ellas aún se resisten.
¿Qué tipos de vacunas utilizamos?
En la actualidad, y sin contar las vacunas de ADN, utilizamos fundamentalmente 4 tipos de vacunas:
- Vacunas inactivadas: Consisten en inocular el elemento infeccioso previamente tratado con calor o con productos químicos, de forma que pierde su capacidad de provocar la enfermedad. No suelen causar una inmunización duradera.
- Vacunas vivas atenuadas: En este caso, se inocula con cepas especiales del agente infeccioso con capacidad reducida para causar la infección. Por norma general, provocan una inmunización más duradera.
- Toxoides: En el caso de que no se quiera vacunar contra un organismo, sino contra una toxina producida por algún organismo, lo que se hace es inocular con moléculas similares a esa toxina pero que no causen daños. De esta forma, el sistema inmune pasa a reconocer la toxina y poder eliminarla. A estas moléculas es a lo que se llama toxoide.
- Subunitarias: Si tenemos un buen conocimiento de la base molecular de la inmunogénesis contra un patógeno determinado, se utilizan este tipo de vacunas. Consisten en inocular sólo con partes del organismo contra el que queremos vacunas. Concretamente, se utilizan aquellas partes del organismo (o virus) que producen respuesta inmunitaria.
Las vacunas de ADN, ¿el futuro?
Las vacunas de ADN siguen un proceso ligeramente diferente. No consisten en inocular con el patógeno o con las partes del mismo que generen respuesta inmune, sino con el código genético que produce estas partes.
Esto se consigue insertando plásmidos (pequeñas moléculas de ADN circular habituales en muchas bacterias) en el individuo a vacunar. Estos plásmidos transfectan (es decir, insertan su ADN) en algunas de las células del individuo, lográndose así que sean las propias células las que generen los componentes contra los que se ha de dar la respuesta inmune. Esto nos da una inmunización duradera y nos garantiza tener un alto nivel de defensas contra la enfermedad a vacunar.
¿Cuáles son las ventajas de las vacunas de ADN?
Las principales ventajas de las vacunas de ADN son las siguientes:
- Causan una gran respuesta inmunitaria: La respuesta inmunitaria que causa este tipo de vacuna es sólo comparable a la que produce la inmunización con patógenos atenuados, sin existir el riesgo de enfermedad que, aunque mínimo, existe con estas últimas.
- Facilidad de almacenamiento y transporte: Los plásmidos son muy estables, por lo que se reducen las necesidades de almacenamiento y transporte, permitiendo rebajar los costes y transportar a lugares sin instalaciones necesarias para otros tipos de vacunas. Por ejemplo, no es necesaria una cadena de frío.

Pistola génica,utilizada para inocular con vacunas de ADN
A pesar de estas ventajas, las vacunas de ADN aún están en fase experimental y tienen algunos problemas por resolver. Aunque han presentado grandes resultados en animales, los ensayos clínicos en humanos están dando peores resultados. Sin embargo, si se llegan a superar estos problemas, las vacunas de ADN pueden ser una gran alternativa a las formas tradicionales de conseguir vacunas para aquellas enfermedades que aún siguen esperando por una.
